¿Un hombre de Estado nace o se hace? ¿Quién le
elige el vestuario a Peña Nieto desde que –de no ocurrir nada– fue electo como
el próximo presidente de México?
El marrón no es su color. Con lo bien que estuvo
todo el tiempo en campaña con su saco y corbata a rayas, ¿por qué ahora
empezamos a experimentar?
Enrique Peña Nieto, cuasi presidente electo de
México, se dirigió ayer a nosotros, el pueblo mexicano, en un discurso cuasi
presidencial.
Presentó, que sin duda es de agradecer, su
gabinete de transición y las imputaciones específicas que cada uno tendrá que
solucionar. Me parece que de lo dicho por Peña, hay dos aspectos fundamentales
a resaltar. Primero, hizo un llamado a la unidad de México y a intentar
construir una democracia cuyo presidente –o sea él– quiere la integración, y no
la disolución.
Enrique Peña Nieto hace bien al defender la legitimidad
de quienes lo votaron. También es totalmente entendible que los ahora
derrotados defiendan a capa y espada la legitimidad de aquellos que decidieron
a su favor.
El segundo aspecto que encuentro reseñable es que
tuvo a Luis Videgaray como un excelentísimo director de campaña –ahí están los
resultados, al menos a corto plazo–. Él sabe muy bien que el virus puede
convertirse en bacteria o en enfermedad mortal.
Dos acciones blindan, vacunan, purifican y pasan
por el Jordán democrático del casi nuevo presidente.
La primera es la creación de una comisión que
dictamine, especifique y fije las políticas de concesión de la publicidad
oficial. Bienvenida sea, porque según los mal pensados, fue el uso de la
publicidad oficial la que tuvo mucho que ver con el resultado. Tal parece que
Peña ha aprendido que de la experiencia hay que sacar el conocimiento para
actuar.
Por si a alguien no le queda claro, lo que él ha
dicho es que ya no se podrá hacer aquello de lo que lo acusan: ya no se podrá
crear otro Peña Nieto. Se rompe el molde. Todo aquel que quiera usar la
publicidad y el dinero de nosotros para hacer una carrera presidencial, ya no
podrá hacerlo.
La segunda acción amplía, consagra, dimensiona e
impulsa aún más los poderes de transparencia del Estado mexicano.
Me pregunto: ¿quién puede estar en contra de esas
dos medidas? Por un lado, no se podrá gastar el dinero público para construir
imágenes privadas. Ya veremos cómo lo desarrollan. Por otro lado, no quedará de
otra: sus compañeros –los gobernadores priistas– tendrán que entender que se
acabó, porque uno de los milagros de la transición mexicana fue que como al
presidente había que debilitarlo y hacerlo un ser de carne y hueso, se crearon
32 “presidentillos” que han hecho lo que se les da la gana. A partir de aquí,
eso se acabó. Peña pondrá orden.
Por último, Peña Nieto, quien ya entró en la
historia, tiene que tomarse unos días de vacaciones. Pero eso sí, unos días que
se alternan, porque el país no se puede quedar acéfalo y sin dirección
política. Pero estoy tranquilo y duermo en paz porque cada minuto que descanse
Enrique Peña Nieto, vigilará Luis Videgaray, y cada minuto que descanse
Videgaray, vigilará Peña.
El poder es como el amor: una realidad que solo
existe cuando es compartida. Por eso, los vecinos del norte, siempre tan
demócratas, reciben al jefe de la transición –Luis Videgaray– y al nuevo
secretario de Relaciones Exteriores impectori Emilio Lozoya, para comenzar la
agenda común del nuevo TLC.
Sin más, el país puede estar tranquilo… y muy
energético.
Fuente: Reporte Indigo
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