Ciudad de México. Cuando
desperté, el PRI todavía estaba allí. En realidad, nunca se había ido. Durante
12 años el Partido Revolucionario Institucional planeó su regreso y lo
consolidó el día de las elecciones con todas sus viejas prácticas: compra de
votos y de conciencias.
La duda no es si
Enrique Peña Nieto obtuvo más votos que los otros candidatos. Todos los conteos
y recuentos así lo indican. El problema está en cómo los consiguió. Queda ese incómodo
malestar, casi infantil, de que ganó el niño tramposo.
¿Por qué será que todas las elecciones
presidenciales que ha ganado el PRI desde 1929 huelen a podrido? ¿Acaso no
pueden ganar limpiamente?
Hay dos quejas en este 2012
presentadas por Andrés Manuel López Obrador, el candidato del Partido de la
Revolución Democrático (PRD). Primero, las denuncias de irregularidades el día
de la votación y compra de votos. Ahí están, para probarlo, las miles de
tarjetas de compra en una tienda y los “monederos electrónicos” a cambio de
votos priístas. Y segundo, las acusaciones del diario británico, The Guardian,
de que Peña Nieto usó decenas de millones de dólares del presupuesto de su estado
para promover su imagen y su eventual candidatura comprando publicidad y
periodistas. Es el chayote en su máxima expresión.
Por lo anterior, aún si el Tribunal Federal
Electoral (TRIFE) decide que estos trucos del PRI no determinaron el resultado
final de las elecciones presidenciales, siempre va a quedar la sospecha de que
triunfó el candidato que pudo comprar más votos: Peña
Nieto. Y no va a ser fácil gobernar así; no van a parar los cuestionamientos
del movimiento estudiantil Yo soy 132 y de los que creen que hubo fraude.
Peña Nieto, para millones, será otro presidente
ilegítimo (a pesar de las felicitaciones de jefes de estado y las entrevistas
triunfalistas con corresponsales extranjeros). Y a los únicos que se puede
culpar por esto es a él y a los priístas que no siguieron las reglas del juego
democrático. Sí, el candidato priísta obtuvo más votos que los otros tres pero
todo indica que la campaña no fue en igualdad de circunstancias.
Soy de los que dudan que un dinosaurio pueda
convertirse en demócrata. Es difícil de creer que los mismos que planearon la
caída del sistema y el fraude que puso a Carlos Salinas de Gortari en el poder
en 1988 ahora jueguen a contar votos. Tampoco es creíble que la misma gente que
aceptó dos dedazos para que Ernesto Zedillo llegara a la presidencia en 1994
–el primero fue a Colosio- hoy alaben las virtudes del voto en sus columnas
periodísticas y den clases de democracia en universidades extranjeras.
Lo mismo que hacía el PRI antes del 2000 para
“ganar” elecciones lo volvieron a hacer ahora. Ya no tienen a un presidente que
con un dedazo impone a su sucesor. Pero el aparato para arrancar votos sigue
bien aceitado y financiado.
Estamos entrando al Jurassic Park mexicano.
Regresan los dinosaurios a gobernar. Por las malas. Todo suena a cliché y a
película vieja: Back To The Future (De Regreso Al Futuro). La naciente e
imperfecta democracia mexicana -tan jóven; apenas lleva tres elecciones
presidenciales- aún tiene mucho que aprender. ¿Qué pasaría en Estados Unidos o
en Francia si se descubren miles de tarjetas para comprar votos? En México no
pasa nada o casi nada.
Sin la menor duda, López Obrador, al impugnar la
elección, hizo llover en la fiesta
del PRI. Tiene todo su derecho a quejarse y a hablar por millones que piensan
como él. Pero lo único que me brinca es ¿por qué continuó en la campaña y firmó
el pacto de civilidad si ya sabía de las trampas que estaba haciendo el PRI? Lo
del patrocinio de algunos medios a Peña Nieto no es nuevo; The Guardian lo sacó
semanas antes de las votaciones y la revista Proceso años atrás. Y hubo muchos
reportes de los “monederos electrónicos” del PRI y su compra de votos en la
prensa mexicana antes del primero de julio.
Lo verdaderamente triste de esta situación es
que los problemas más urgentes de México –narcoviolencia, falta de empleo, la
concentración del poder en unos pocos, la educación secuestrada por un
sindicato…- no serán resueltos por esta nueva pelea dentro de la clase
política. Esto nos retrasa años y, mientras, Brasil, China y la India se nos
adelantan irremediablemente.
¿Aguantará esto México? El escritor Carlos
Fuentes alguna vez me dijo que México aguantaba todo, “hasta dos volcanes”. Es
cierto. Pero es desesperante y frustrante que México siga aguantando cuando, en
realidad, debería estar despegando.
Por Jorge Ramos Avalos
(Julio 09, 2012)
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